La maestra Teresa Amarguillas

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-Perdón mamá, digo mamaestra, digo maestra-
El pobre Tomás ya no podía mas con los ejercicios que la maestra Teresa Amarguillas le ponía. Ella pensaba que Tomás necesitaba ser presionado para hacer bien las cosas, cuando en realidad lo que necesitaba era… ¡Un paramedico ! Porque estaba perdiendo la respiración. –¡Ayuda, alguien que nos ayude!– Gritaba Teresa Amaguillas y tres horas después, estaban en el hospital.
La maestra no podía dejar de pensar en que tal vez fue demasiado ruda con Tomás, pero que así habían sido con ella desde pequeña.
–¿Usted es la mamá?- preguntaba el doctor. – Pero qué cosas dice, claro que no doctor, yo no tengo hijos.
–Necesitamos que alguien entre a verlo.
Teresa Amarguillas cruzó el pasillo blanco que la conducía hasta la habitación 312, su mano tembló un poco antes de abrir la puerta. Al cruzar por el marco vio a Tomás sentado sobre su cama, comiendo una gelatina de limón y viendo el canal local. Al verla entrar el niño saltó de miedo. -Mamaestra, perdón solo es un postrecito.
La maestra Amarguillas sonrió y se sentó al lado de Tomas a ver la televisión con él.

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