Shakespeare, Molière y Mihura. Ilustración generada con asistencia de IA.
Las grandes mentes dramáticas jamás abandonan el escenario en silencio; prefieren firmar su «mutis» con bromas, maldiciones oscuras o ironías descaradas. Estos tres epitafios legendarios desafían a la muerte con humor implacable y una audacia que sigue resonando hasta nuestros tiempos.
Comenzamos con el mismísimo William Shakespeare, quien protegió sus restos mediante un conjuro directo y perturbador grabado en su tumba. El genio inglés, temeroso a ser profanado, prefirió lanzar una amenaza definitiva: «Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito sea el hombre que respete estas piedras, y maldito el que remueva mis huesos».
Por su parte, el provocador Molière llevó el teatro físico y la comedia hasta las últimas consecuencias al colapsar sobre las tablas mientras interpretaba a un enfermo en su mitica obra «El enfermo imaginario». Su epitafio inmortalizó una ironía brillante y mordaz que celebra al rey de la comedia neoclásica: «Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien.»
Finalmente, el maestro del absurdo Miguel Mihura desactivó la solemnidad del funeral regalando un chiste ácido que invita a recordarlo astuto con su humor sarcastico y absurdo: «Ya decía yo que ese médico no valía mucho».
Estos dramaturgos transformaron el mármol en su último acto de rebeldía, pero la lista de despedidas épicas apenas comienza a revelarse. Prepárate, porque en una siguiente entrega desenterraremos los secretos más oscuros y sarcásticos que otros autores y autoras dejaron marcados antes de cruzar el umbral…




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